MITOCHONDRION : ARCHAEAEON
Estaba yo en un inmenso patio de estilo romano. El cielo era gris y púrpura, con nubes grotescas y de aspecto extraño, que parecía que hubiesen sido proyectadas sobre un muro erigido justo en los bordes del patio. El suelo era de una áspera piedra lila, y no había ni plantas ni fuentes en el patio que le diesen algo de vida, nada salvo el pozo que había en su centro y los demonios que lo guardaban. Estos eran terribles, de aspecto animal pero antropomorfos. Todos me miraban, y sin poder hacer otra cosa, me ví acercarme a ellos. Así llegué a la boca del pozo, que era completamente negro y sin fondo. No sé si los demonios dijeron algo, pero llegado el momento fui lanzado al interior del agujero. En mi caída las manos de las paredes me fueron despedazando, me arrancaron la piel, los músculos, los huesos, y todo lo que podía ser retirado de mi ser, hasta dejar sólo mi esencia ensangrentada. Entonces dí con el fondo del pozo, el averno. En esa forma de espíritu puro me sentí verdaderamente vulnerable, y al escuchar el ruido de una hoja de metal arrastrándose sobre las rocas hacia mi dirección, salí huyendo y me interné en las selvas rojas del infierno. Así perdido llegué a una alta cueva abovedada en la que estaba teniendo lugar una reunión de demonios alados. No sé qué se dijo, pero al concluir, todos volamos por los túneles del techo a la superficie, y así llegamos al cielo, con la intención de destruirlo. Vimos ante nosotros las cúpulas celestes y doradas, los muros irisados sobre las nubes, y salimos de nuestra tormenta a la clara mañana donde tendría lugar la batalla. Superamos a nuestros enemigos y entramos en la ciudad celeste, y allí me llamó la atención un gran templo, más grande que ningún otro, y decidí entrar en él. Dentro ví que era infinito, y aun estando inimaginablemente lejos de mí, la luz del interior brillaba con tanta fuerza que me cegó. No tuve más remedio que lanzarme con odio contra esta luz, pero según me acercaba esta me quemaba más y más, hasta que eliminó la forma que había adquirido en aquella reunión subterránea y me volvió a hacer ligero, despojándome del cuerpo. Aparecí entonces en una selva gris y polvorienta, y al verme otra vez indefenso volví a escuchar un ruido terrible, no el de un metal arrastrándose hacia mí como la última vez, sino el del rugido de alguna bestia enorme. Huí de la bestia invisible para que no me devorase, y la visión terminó en un mar de ruido y power electronics. Concluye así mi primer encuentro con Mitochondrion.